Corriente Peronista Descamisados de Entre Ríos
17 de mayo de 2013
A Videla le tocó ver crecer durante sus últimos diez años de vida aquello que combatió con tanto esfuerzo: la felicidad del pueblo. Por eso se fue de este mundo con el gusto amargo de ver nuevamente una militancia unida y comprometida que reivindica no solo la plena vigencia de los Derechos Humanos, sino también un proyecto político de justicia social. Esta primavera del pueblo argentino durante la década que se abrió en 2003 es quizás la mayor condena que le hemos dado a Videla.
Está claro además que acaba de morirse el autor de uno de los mayores genocidios de la historia. Un enemigo del pueblo argentino. Una persona que sembró muerte, que hundió sus garras en la vida de cientos de miles de personas, que personificó el terror, la desaparición forzada, las violaciones sistemáticas, la tortura y también la muerte. El que murió hoy fue el autor de una de las peores páginas del género humano.
Sin embargo desde el pueblo se respondió trabajando para volver a construir una democracia, un Estado de Derecho, para despejar el miedo, para hacer crecer el país. Se retomó la senda del compromiso, del debate político, de la participación y la solidaridad. Lo que quedó resumido en la consigna “Memoria, Verdad y Justicia”
Sobre esas bases alcanzamos esta década ganada. Una década que no hubiera sido posible sin la resistencia de los organismos de derechos humanos, la valentía de nuestras mujeres, de los trabajadores, de los artistas, del pueblo en su conjunto. Y sin la emergencia de dirigentes que supieron interpretar eso, como lo fueron Néstor y Cristina.
Una década donde recuperamos la democracia, en vez de esa farsa en la que nos sumergio la década del 90. Recuperamos el Estado y la política como herramienta para la transformación social. Recuperamos el legado histórico del Perón y Evita, de la lucha de los trabajadores, de la resistencia peronista, de la juventud maravillosa.
Y lo hicimos enjuiciando a militares y civiles partícipes de la dictadura, como corresponde, por ser los autores de los crímenes de lesa humanidad. Quizás por eso Videla advirtió que su peor momento comenzó con los Kirchner. Y que otra hubiera sido su suerte si ganaba la oposición.
Claro que ni por lejos se puede comparar el acto de justicia al que fue sometido este dictador durante sucesivos gobiernos constitucionales, con el tormento al que sometió al pueblo de este país.
Pero no lo hizo sólo. Videla fue parte de un plan sistemático que tenía por objetivo quedarse con la riqueza del país. Y así lo hicieron. Anularon la constitución y la vigencia de los derechos fundamentales que gozamos las personas, el derecho a sindicalizarse, a protestar. Interrumpieron el orden constitucional e impusieron la razón de la metralla para implementar sin impedimentos un conjunto de medidas económicas tendientes a desmantelar el país. Proyecto que no podía tener lugar de otro modo, dado el grado de conciencia nacional que tiene el pueblo argentino.
Por eso al finalizar la dictadura en 1983 nos quedamos con un país desguazado, sin industria, la economía extranjerizada y concentrada, una enorme deuda externa, la población atemorizada y con la ausencia de miles de compañeros militantes.
En ese sentido hoy afirmamos que la muerte de Videla no es cosa del pasado. Se murió cumpliendo prisión, juzgado, condenado. Se murió habiéndose bajado antes su cuadro. Pero sin embargo continúan sus cómplices militares, algunos vivos, haciendo de las suyas. Sus laderos continúan incluso participando activamente de la política entre fuerzas opositoras, o anidando entre los pliegues de los tres poderes del Estado.
Aún queda, además, ese manojo de empresarios y sectores económicos que crecieron cobijados por la dictadura, hasta convertirse en los nuevos sectores dominantes. Rapiñas que se enriquecen a expensas del pueblo trabajador, y que encima tienen el arrojo de adjudicarse la representación de la patria, o que todos los días hablan al pueblo por los grandes multimedios haciendo creer que son de todos los intereses de ellos.
Nos quedó un sistema de medios de comunicación concentrado y avasallador que todos los días ataca los intereses de los trabajadores y al proyecto político nacional y popular. Nos quedó ese matrimonio entre el poder financiero y el mediático que vuelve libertad de extorsión a lo que antes conocíamos como libertad de expresión. Y nos quedó esa versión del peronismo antipopular que ostenta un sector puntual, más cercano a la oligarquía y las corporaciones que al pueblo de Peron y Evita.
Aún sobrevive además el miedo y la desconfianza. La idea de que los jóvenes son peligrosos, y de que es mejor no participar. El famoso “no te metás”. Queda aún vigente la cobardía de culpar a los más débiles y perseguir a los humildes con la excusa de la inseguridad. Queda esa división terrible de la sociedad que consiste en confundir a la nación con la oligarquía en vez del pueblo trabajador.
Sin embargo nosotros, que siempre propugnamos por la vida, no celebramos la muerte de nadie. Aunque nos embarga la impotencia de saber que este genocida se llevó consigo la información necesaria para encontrar los restos de nuestros compañeros, y a nuestros 400 hermanos que todavía desconocen su identidad, celebramos porque tenemos 107 nietos recuperados, más de 400 condenas a genocidas a lo largo y ancho del país, y porque seguimos haciendo Memoria, Verdad y Justicia, que son los pilares necesarios para construir la felicidad del pueblo.

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